La felicidad del estado natural de las cosas

Qué día más bonito!, qué alegria!, qué descubrimiento!, qué felicidad! Mi vida ha cambiado. Ahora mismo estoy sentado al ordenador, con la ventana abierta, un sol radiante entrando por ella y el sonido de los árboles que se agitan con el viento. Se parece al sonido del mar. Las olas, como el viento están en movimiento. Vienen y van, unas veces con más intensidad, otras veces más serenas. Respiro hondo, saboreo el momento y sigo sonriendo.


Si te paras un momento a escuchar los sonidos de la tierra, si te detienes y los saboreas, si los analizas con cada sentido de tu ser, la serenidad y la calma se apoderan de ti y un sentimiento de felicidad te envuelve. Alguien me dijo que incluso para respirar tenías que aprender. Me enseñó cómo hacerlo. Hay que detenerse, cerrar los ojos y llenar tu cuerpo de oxígeno. Sentir como tu estómago se eleva. Sentir como después se vacía.

Lo artificial contra lo natural. Analicemos lo que nuestra imaginación ha creado y lo que ya estaba creado. Comparemos. Por ejemplo, el asfalto. Es muy útil. Cierto. Tenemos carreteras, nuestros coches circulan mejor gracias al asfalto, son más veloces. Hemos creado autopistas que nos hacen llegar más rápido a nuestro destino. Digamos que en general es un buen invento, nos hace la vida más fácil. Bien, comparémoslo entonces con la arena, la tierra. Empecemos; Ya estaba aquí cuando llegamos. Tiene diferentes densidades, puede ser arena de playa, si está más condensada puede hacer un camino, muchos caminos.

Es agradable. No huele. Es biodegradable, es decir, se mimetiza con la tierra. Con algunos minerales y nutrientes puede hacernos un bonito jardín. Mi punto es este. Si queremos hacer una nueva autopista, si queremos deshacernos de la que ya teníamos y hacer una nueva, ¿dónde tiramos esos restos? ¿Se esparcirán en la naturaleza? ¿Esta los absorberá? No. Con esta idea, no quiero decir que debamos hacer ahora las carreteras de arena. Lo que sí me gustaría demostrar es que cualquier cosa que nosotros creemos nunca alcanzará ni en belleza ni en practicidad a las maravillas que ya están creadas, las que venían de serie.


Vean, por ejemplo, un documental de la serie Planet Earth. Pone ¿la piel de gallina? Ahora comparémoslo con una ciudad, una ciudad muy bonita, la más bonita, París, Moscú, Praga, Roma, New York la que más te guste. Piense en esa ciudad, vea un video de esta ciudad si así lo cree necesario. Y ahora vea de nuevo el primer documental. Saque sus conclusiones, compañero.

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